Nuestra historia

Todo empezó en 1923, cuando nuestros abuelos abrieron una pequeña tienda de ultramarinos. Con el tiempo, aquel local fue creciendo y se convirtió también en bar y estanco, un punto de encuentro para todo el pueblo. Lo que ellos nunca llegaron a imaginar es que, más de un siglo después, la tercera generación de la familia seguiría al pie del cañón en este mismo lugar.

Aquella primera idea fue cambiando con los años. Lo que empezó como ultramarinos se transformó en Piensos Solloso, y más adelante en Agrojardín Solloso. El negocio ha sabido adaptarse a cada época y a lo que cada momento iba pidiendo, pero hay algo que nunca ha cambiado: la forma de hacer las cosas.

Porque si hay un legado que nos dejaron nuestros padres, tíos, primos y abuelos, no son las paredes ni el nombre, sino una manera de tratar a la gente. La atención y el cuidado a cada cliente es lo que nos mueve y lo que intentamos mantener vivo todos los días.

Más de cien años después, la confianza que habéis depositado en nosotros sigue siendo nuestro mayor motor. Y por eso, con el mismo orgullo de siempre, podemos deciros una cosa:

Aquí seguimos.

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